Textos que enamoran, por San Valentín y por siempre.

San Valentín debería ser el patrono de los copywriters.

De los copywriters de nuevo cuño, especialmente.

De los nacidos al amor del marketing y los nuevos negocios online.

Solo tienes que darte una vuelta por las páginas web desde las que ofrecen sus servicios de copywriting web, redacción seo, seo copywriting, etc. y encontrarás el porqué.

Textos que enamoran a tus visitas.

Escribir para conquistar.

Enamorar con tus palabras.

Contenidos que seduzcan a tus posibles clientes.

Transmitir por escrito la pasión que sientes por lo que haces.

Conectar de forma profunda con tu cliente potencial.

Textos que rebosen empatía y despierten emociones.

Que hagan soñar a tu cliente y le muestren la transformación que va a vivir.

Que impulsen a tomar acción y alcanzar esa vida que anhela.

Unas gotitas de palabras, storytelling y emoción para que enamores a tus clientes.

No sigo

Fíjate si ha calado este edulcorado mensaje al hablar de los textos persuasivos (algún día escribiré también sobre estos últimos), que si introduces en Google la búsqueda “textos que enamoran“, tal día de celebración como hoy en el que estoy redactando este post hay uno -el octavo- relacionado con el copywriting y los textos que venden entre los 10 primeros de la primera página de los resultados de búsqueda.

Cada copy puede hacer lo que quiera con su negocio.

Y con las palabras, por supuesto, a la hora de contar a sus posibles clientes los resultados que consigue para sus clientes. Pero bajo mi punto de vista, lo único que conseguimos así es trasladar un mensaje que queriendo parecer cercano se transforma en algo irreal y etéreo, cuando en realidad estamos hablando de conseguir algo tan material, tan tangible y tan alejado de la santidad como son las ventas de un producto o servicio.

Sí, hablar de textos que enamoran me dirás, es una forma de hablar.

Pero si el propio cortejo de copywriters hablamos todos de la misma y almibarada forma a nuestros potenciales clientes ¿qué conseguimos? Que en su cabeza se lleven un melocotón importante con el consiguiente dolor de cabeza posterior.

Y si encima contamos prácticamente lo mismo ¿cómo vamos a conseguir flechazo alguno? ¿cómo nos van a contratar si todos ofrecemos el mismo amor de garrafón?

¿Pero no somos copywriters?

¿No sabemos seducir de mil y una maneras?, ¿de prometer mil y una noches de amor?

¿No somos capaces de crear otra visión de nuestro trabajo en la cabeza de nuestro posible cliente? Vamos, es la misma Caja Roja de bombones Nestlé y la misma rosa roja compradas a última hora, deprisa y corriendo para celebrar al santo y regalar a nuestra pareja tan señalado (comercialmente) día.

La punta de flecha de nuestro discurso debería apuntar a ser otra.

Otro el cortejo.

Más, perdóneseme la tontería, VALENTÍN.

No sé si el amor por el copywriting y la redacción web será eterno. Pero el mejor regalo que le podemos a nuestro hipotético cliente como copywriters es obsequiarles con un discurso nada vendehumos. Nada cambiavidas y más profesional: qué vendes, a quién se lo vendes, que obtiene tu cliente cuando se lo vendes y contarlo de una manera que le entretenga, dibujando algo en su cabeza. Más allá de simples y muy rojos corazoncitos.

Si no, acabarán odiándonos e ignorándonos. Y tendremos que buscar otro patrono.

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