El borde de las pizzas.

Hoy voy a hablar de servicio.

Hace años trabajé para una muy conocida cadena de elaboración y reparto de pizzas a domicilio.

La preferida por la masa en aquel entonces.

No.

Trabajé como copy, no como repartidor ni pizzero. Estaba en un agencia que llevaba esa cuenta.

Y fue curioso.

Al equipo de Cuentas le hicieron vivir en sus propias carnes un par o tres de jornadas de trabajo en uno de sus establecimientos para conocer en su salsa el trajín que allí se cuece preparando y horneando pizzas en horas punta. Así los ejecutivos podrían disponer de los ingredientes necesarios para elaborar mejor una comunicación comercial más real.

Pero a los creativos que íbamos a crear (redactar y “hacer el Arte” como muy mal dicen algunos) los conceptos y desarrollar las piezas de comunicación de la campaña, no.

Además de encontrar las ideas adecuadas para cada uno de los spots de la campaña de TV (no existía YouTube), al principio fue laborioso dar con la estructura narrativa fílmica ideal que quería su Departamento de Marketing. Que si este tipo de plano antes del segundo 3, que si este otro en el segundo 9, que si una “levantada” de una porción con larguííííííííííííísimos hilos de queso fundido en este otro, que si esta transición poco antes del pack shot….

Lo que me trae hasta ti es que hace unos días, estando en mi lugar de veraneo, localidad de la costa mediterránea que triplica su población en julio y agosto, tuve la vaga ocurrencia de pedir para comer una pizza por teléfono.

Y cuál no sería mi sorpresa cuando ante el asombro que manifesté verbalmente a mi interlocutor telefónico al escuchar un exagerado tiempo de espera de mínimo 1 hora, me respondió de muy malas maneras que “es que parece que todos os ponéis de acuerdo para hacer los pedidos a la misma hora”.

Cuánta razón tenía el muchacho. Pero cómo se me ocurre, turista accidental, pedir una pizza para comer a la hora que todo el mundo come (también los guiris). Incluso en verano.

Como de tan malas formas se mantuvo en la conversación y mi hambre post playa era mayor que mi apetito por discutir tuve que colgar y cocinarme un menú diferente.

¿Le importó perder un cliente teniendo una espera de reparto de una hora? Un problema menos. Menos demora para los siguientes.

A lo que voy.

Si sabes de alguien que tenga hambre de textos, de post o de otros tipos, para su comunicación comercial que no sean fast food y que se los sirvan como si estuviera en un Estrella Michelín, si me haces el pedido, dile que se dé una vuelta por aquí.

En menos de lo que tarda en repartirse una pizza, me pongo en contacto.

Por cierto, ¿tú te comes el borde de las pizzas?

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