El del medio de los Jackson.

Toca hablar de todo un icono.

Un dios.

Un mito.

Una leyenda.

Blanco o negro.

Lo mismo da.

El cliente tóxico.

Como profesional autónomo nadie me dice a la oreja lo que tengo que hacer ni cómo.

De mi negocio soy el dueño, sí.

A cambio, son para mí todos los dolores de cabeza.

No tengo jefe.

Pero créeme. No todo aquel cliente que me dé trabajo es bueno para mi actividad.

El pequeño que ves en la foto contoneándose como una anguila entre sus hermanos sobre el escenario, Michael, hubiera cumplido años el pasado 29 de agosto.

60 años.

Una de las cosas que le ayudaron sobremanera a convertirse en icono de la música pop fue el moonwalk.

Un complejo paso de baile que según cuentan sus biógrafos ya practicaban los jóvenes afroamericanos en sus coreografías callejeras.

En realidad, tal y como añaden esas mismas fuentes, era una evolución del backslide nacido en la década de los 50 y que algunos grupos como The Electric Bugaloos se habían encargado de mantener al día.

Incluso uno de sus miembros, a petición del propio “Jacko”, lo ayudó a aprenderlo y a practicarlo durante años hasta hacerlo propio, gracias a su talento y sentido del espectáculo. El moonwalk lo mostró al mundo por primera vez sobre un escenario en 1983 durante el concierto homenaje del 25º aniversario del sello discográfico Motown “Yesterday, Today, Forever”.

¿Necesito  explicártelo?

Seguro que lo tienes grabado en tu cabeza. Consiste en deslizar un pie tras otro sin despegarlos del suelo, de forma que se genera un movimiento mediante el cual parece estar deslizándose hacia delante, cuando en realidad se está desplazando hacia atrás.

Pues lo mismo pasa cuando eres víctima de un cliente tóxico y su coreografía obra su magia.

Resbaladizo.

Sutil.

Los mismos giros perversos.

Los mismos pasos.

Pierdes tiempo.

Pierdes dinero.

Y pierdes la paciencia.

Es alérgico al compromiso.

Indeciso.

Lo sabe todo.

Es informal.

Y lo quiere todo gratis. O casi.

Tu negocio parece ir hacia delante porque consigues ingresos. Con la gravedad de que en realidad va hacia atrás. Deslizándose paso a paso hacia la oscuridad de la cara oculta de la Luna.

Todo el esfuerzo que supone trabajar para él no compensa de ninguna manera los beneficios que reporta.

Pero ¿cuándo no se debería trabajar para un cliente?

Mi idea es que cuando se muestre incapaz de ver el valor o de entender los beneficios que tus servicios le aportan. O simplemente cuando no encaje con tus objetivos de negocio. Entonces hay que apartarlo de tu camino profesional.

Puedes pensar: “Eso es fácil de decir y hacer cuando tienes para elegir con quién trabajar, pero si no te da apenas para pagar tus facturas, ¿cómo lo haces?”

Duro. Lo sé por experiencia propia.

Y es un principio que también debería aplicarse en muchas agencias.

Aprender a decir no. Incluso cuando haya necesidad de facturar.

Así que si tienes detectado algún cliente tóxico, deja de bailarle el agua, da el paso y prescinde de él.

Por favor, gracias, pero tampoco me lo pases.

Aunque me encuentre de brazos cruzados escuchando y viendo bailar a Michael su “Billie Jean”.

“So take my strong advice. Just remember to always think twice. Do think twice”

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