Johnson Vox.

Días entretenidos los que hemos empezado a vivir desde el anuncio de elecciones generales para el 28 A.

En lo que a declaraciones políticas se refiere.

En lo que a políticas declaradas sin ningún rubor de campaña electoral, de las que luego “Donde dije digo digo Diego”.

Tras el rechazo del Congreso a aprobar las cuentas del Ejecutivo (y no me refiero con el término al Falcon look de mi tocayo Sánchez) por la escasa cuenta que les traían a algunos de sus socios de la moción de censura, distintos sondeos marcan las posiciones de partida de los diferentes partidos.

Y, a diferencia de otras citas con las urnas, en la coyuntura en la que nos manejamos más el añadido de las particularidades de nuestro sistema electoral, en estos momentos lo que más les duele a todos es que parece que el ganador aritmético -aquel partido que obtenga el mayor número de votos y escaños- no estará llamado a coincidir con el ganador político (qué tontería, en la noche electoral todos ganan), o sea, el partido que acabará presidiendo el gobierno.

Lo único claro es que estos comicios se juegan a cinco bandas, con Vox en el papel estelar del quinto elemento; que la mayoría absoluta parece ahora una situación inalcanzable para nadie; que con su irrupción en el panorama político los mensajes que destacan se han polarizado hacia las posiciones más extremas y que parte del electorado concentra ahora toda su atención en lo que predica la formación de las letras verdes.

“Hagamos grande España otra vez”.

Mensaje clave con el que se lanzaron a la arena política, tan simple como con el que ganó Trump. Bien alto, bien claro y bien visible para captar la atención e incitar a… seguir leyendo.

Hablando de concentrar la atención en los mensajes. Para los que no sepan de Marketing Directo.

Alrededor de los años 50 del pasado siglo, una carta del redactor Frank Johnson escrita para mejorar las respuestas a las ofertas de la revista American Heritage, incluyó un sencillo recuadro o caja colocado en su parte superior que destacaba, cual titular, el mensaje principal a transmitir. Gracias a su efectividad, este recurso tomó con el tiempo su nombre –Johnson Box-, aunque nunca Frank se atribuyera para sí mismo mérito ni autoría alguno.

Y sobre la efectividad de las cartas, los emails de ahora.

¿Cuántos de publicidad llegan a tu bandeja de entrada?

¿Cuántos de tu marca a la bandeja de tus clientes?

Y ¿cuántos lees, cuántos leerán?

¿Cuántos los leerán y lo que lean les llevará después a hacer lo que les pides?

¿Por qué malgastar el dinero? ¿Por qué perder oportunidades? ¿Por qué contribuir con ellos a que se abran cada día menos tus siguientes email?

Si tienes claro que una campaña de email marketing estratégicamente bien planteada y desde luego, bien escrita, obtiene siempre respuestas, o lo que es lo mismo, ventas tarde o temprano, deja ya de hacer spam.

Con o sin Johnson Box, solo hace falta elegir un buen candidato para que las redacte.

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