Copy pierde apuesta por ir de cool y de guay.

El otro día, en la agencia para la que estoy trabajando en los últimos meses de copy creativo me pasó una cosa curiosa.

Más bien nos pasó.

Al Director Creativo, junto al que formo dupla creativa como copy en una campaña para un Ministerio, y al CEO de la agencia. Vamos, en este caso, también dueño.

Nos encontrábamos los tres, de pie, en la zona del Departamento de Cuentas hablando sobré la idoneidad o no de presentar al concurso una de las dos líneas creativas que se nos habían ocurrido. Él, el CEO, que es un excelente tipo en lo personal y un gran jefe (fue Director de Cuentas muchos años y Director General de otras agencias antes de montar la suya), no tenía muy claro que uno de los conceptos del spot de una de ellas lo fuera a entender todo el mundo.

El concepto estaba basado en una palabra en inglés. Un anglicismo, vamos.

Le encantaban las dos, sí. Pero pensaba que al estar creativamente basado en un anglicismo, ampliamente utilizado en el ámbito al que se dirigía la campaña, pero anglicismo al fin y a la postre, solo debía presentarse como estrategia de concurso. Para capitalizar para nuestro potencial cliente todos sus beneficios y hacer que se apropiara de él (el Ministerio) en el sector.

Es gran jefe. Opina con criterio. Pero rara vez impone.

Así que para intentar demostrarnos que estaba en lo cierto, me soltó:

«Te apuestas, Pedro, a que pregunto a varias personas de este Departamento qué significa esa palabra y ninguna lo sabe? ¿Qué te apuestas?»

Yo, inocente de mí, que no me las doy de nada, y menos de «sabio», como dijo en su día el magnífico Gato Pérez, entré al trapo.

Recordé en ese mismo instante y para mis adentros la misma anécdota, que ambos vivimos juntos en una de nuestras primeras agencias -los dos como júniores-, con el dueño de aquel entonces. Pero estaba convencido de que ninguna de esas personas de Cuentas que nos rodeaban, en un entorno de publicitarios como es una agencia, la mayoría de ellas con buen inglés, jóvenes (yo no), en el mundo, con actividad en Instagram, Facebook, etc., no podría desconocer su significado.

«Un desayuno para toda la agencia» dije yo -y eso que no soy de Bilbao- (vamos, para 40 personas).

Tras el apretón de manos que corresponde, allá se fue todo seguro de que en los días siguientes iban a desayunar a costa de un copy creativo que va de guay. Y que también se las da de cool por trabajar en sus campañas con anglicismos.

Mini curasanes, palmeritas y mini napolitanas de chocolate.

Esa fue la respuesta.

Hasta 4 personas del Departamento desconocían el término (no siguió preguntando) y, por supuesto, su significado. Pero lo que más me sorprendió es que entre los creativos también encontramos un par que no lo sabían.

Hablando de apuestas.

Y en cualquier caso.

Yo, en el mío, como copy creativo nada cool y mucho menos guay, cuando redacto textos comerciales prefiero arriesgar a que las personas a las que me dirijo no son tontas y sí saben (en contra de lo que muchos clientes piensan).

Y a pesar de que en demasiadas ocasiones a los creativos se nos recrimine que vivimos en una isla, en un mundo de creativos lejano todo lo que nos rodea, creo que más bien es todo lo contrario. Si hay algo que nos caracteriza es que creemos más que nadie en las personas.

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