Sesiones telefónicas de coach ¡ouch! para perder un cliente.

Viernes media tarde. Esperando en el coche a que salga mi hijo del cole.

No sé si en otros, concertados o no, sucede lo mismo. Pero la tarde del viernes es la que a más padres -hombres- congrega en el patio -junto a las madres, que vienen todos los días- a las puertas de las distintas escaleras.

Para la reflexión, ahí lo dejo.

Esperando, como decía, suena el móvil.

«Hola, ¿eres Pedro? Mira he visto tu web en internet. Eres copy o copiraiter o como se diga eso, vamos que tú escribes ¿no?

Bueno, yo soy coach, me llamo XXXX. Estoy buscando a alguien que me haga los textos de mi web. Y necesito también un folleto que capte la esencia de lo que hago. El coaching personal, profesional, de pareja…. Que venda mis servicios. ¿Tú haces esas cosas?»

Y la inmediata (antes casi de contestar yo a cada pregunta).

«¿Cuánto me cobrarías?»

Te paso un presupuesto.

Pero primero necesitaría toda la información que puedas darme sobre tus servicios, quién eres, cómo te ves frente a tu competencia, cómo son tus sesiones, etc. Pero nunca menos de ………. (pon mentalmente aquí un precio irrisorio).

Y la inmediata:

«¿Un poco caro, no? Bueno, los textos ya los tengo hechos. Los he escrito yo. La web me la están haciendo pero es muy larga. Necesito alguien que capte la esencia, la esencia de lo que es un coach y que venda lo bueno que es el coaching para la gente».

Tenía 30 páginas de texto en Word para la web y 10 páginas para el folleto.

¿Americano? pregunté inocentemente.

Te ahorro la respuesta.

La chica era encantadora. El diseñador le había cobrado 700 € por un diseño web «con código» que incluso yo soy capaz de mejorar con GeneratePress y Elementor en sus versiones gratuitas. Quizá era ella quien necesitaba unas sesiones a manos de un buen coach en comunicación comercial que le ayudara a orientarse, a establecer prioridades y a definir la manera de alcanzar los objetivos de venta que pretendía con sus peticiones. Tal era su problema de comunicación.

Después de una conversación telefónica de 2 horas y horas después, envié un presupuesto (también irrisorio).

Sí el único responsable soy yo.

Y llevado por la empatía de haberme sentido en situaciones parecidas cuando arranqué con esto del copypreneur, me puse teclado a la obra y redacté, sin tener el presupuesto aceptado ni cobrar un adelanto o 50% previo como establezco y digo en mi web, los textos para un folleto, eso sí, tríptico, sin fijar ni siquiera el tamaño.

Tan mal tan mal lo debí hacer que cuando me llamó por teléfono al día siguiente de recibir el texto, prácticamente ni siquiera mencionó que igual debería pagarme algo por el trabajo. Vale, es un riesgo que asumí desde el momento en el que primero me puse a investigar a su competencia durante horas un fin de semana, para pasar a escribir después. El resultado no le gustó nada.

Nada.

Es más llegó a poner en duda que ni siquiera el enfoque y el titular de portada costaran los euros le había planteado en el presupuesto. De risa. O para llorar (¿necesitaría yo un coach?).

A lo largo de otras 2 horas largas de conversación telefónica (llegué incluso a agotar la batería del móvil) sin coincidir en ningún punto de vista sobre el folleto, el coaching, la vida, la meteorología o sobre si la abuela fuma o no fuma, comprendí que ni yo iba a ser su copy, ni ella podría ser mi cliente. Así, agotado y con toda su crudeza, pero de muy buenas maneras, se lo expuse y yo di por terminada la conversación. Y nuestra relación comercial.

Una semana después, me sorprende con una llamada y una nueva sesión de coach telefónico. Y la escucho todavía más perdida.

Otras 2 horas por lo menos.

Y aunque no te lo creas volví a a caer en los mismos errores.

Que si yo la escucho.

Que otros le cuelgan casi el teléfono.

Que si vendo muy bien.

Que doy buenos consejos.

Así que le volví a hacer otro folleto, en línea con su enfoque.

Y de nuevo, que si captar la esencia, que si la venta… Vamos, que este folleto tampoco.

Que sí. Que no cobré.

Y que me comporté como un tonto.

A ver.

Sobre regalar el trabajo.

La culpa es mía. Tan pequeño era el presupuesto que pasé, que «no me importó» echar unas cuantas horas en investigación del mundo del coach nacional e internacional (ni te imaginas cuántas), ni en plantear los enfoques, ni en la redacción del texto.

Por no hablar de las horas en sesiones telefónicas.

Por eso, entre otras muchas razones, pienso que de inicio siempre es preferible filtrar clientes por precio.

Tengo muy claro que no se trata de vender más caro por el simple hecho de cobrar más y ganar más dinero. Se trata de encontrar tus clientes, dirigirte y ser relevante para un grupo específico de ellos, que sepa apreciar y esté dispuesto a pagar el valor que generas.

Y creo que aquí está la esencia de cualquier negocio. También en el del coaching.

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