Copywriting sin altura, postizo como las uñas de Rosalía y su último concierto.

Nada mejor que escuchar los ecos en los medios del último concierto de Rosalía para escribir sobre copywriting sin altura.

En el WiZink Center de Madrid.

El que cierra su gira mundial “El Mal Querer”.

Aún resuenan.

Aún suena muy flamenca en “Si tú supieras compañero” -en mi Spotify- mientras escribo esto.

Leo que una tal Esther, primera de la cola en las puertas del antiguo Palacio de Deportes, llegó un día antes, acompañada por su primo, sacos de dormir, mantas gorros y pijama.

36 horas de espera.

Expectación total.

Un fenómeno de dimensión planetaria, inteligente, diferente y seductor. Sonido urban, mundial, sazonado “con pimentón y azafrán”, como dice el crítico musical Diego A. Manrique.

Hasta mediados de 2018, la artista nacida en Sant Esteve Sesrovires era medianamente conocida como intérprete de flamenco por el álbum “Los Ángeles”, el que incluye la canción que escucho. Nada hacía presagiar lo que hemos vivido desde entonces respecto a Rosalía Vila Tobella, esta paya catalana de tan solo 26 años.

Diva cañí en pantalón de chándal.

¿La fórmula?

Ingenio.

Curiosidad.

Valentía.

Vocalista excepcional.

Flamenco con poderío, reinventado y reinterpretado.

Trap, reguetón, hip-hop, pop electrónico…

Videoclips brillantes e hiperllamativos.

Ingredientes todos que cuando toman forma en forma de espectáculo lamentablemente se transforman en predictibles.

Imagen muy moderna e instagramizable.

Repertorio milimetrado y repetido en cada escenario, independientemente de los escenarios en los que actúe:

Bailarinas mecánicas.

Nada de músicos en vivo.

Música y segundas -incluso primeras- voces enlatadas en su mayoría.

Nada de riesgo.

Entonces voy yo y pienso en tu mirá cuando como potencial cliente lees los textos persuasivos y para vender redactados por la cantidad de copywriters y redactores de nuevo cuño que están apareciendo. Los surgidos al hilo de las nuevas tendencias del marketing online que nos invade por cualquiera de los rincones de la red:

nada de emoción.

Frialdad en cada palabra.

Discurso de copia y pega.

Previsibilidad.

Ejemplos de escritura creativa llena de los típicos tópicos de sus formadores, trasplantando mal teorías y prácticas redaccionales del mercado USA.

En definitiva, copywriting sin altura, tan postizo como las uñas de Rosalía. Todo igual de bien coreografiado que su show en directo.

Escribir textos persuasivos y publicitarios o usar bien la palabra escrita con fines comerciales, es decir, para vender, tanto en el mundo offline como online, no es una trabajo de “copia y pega”.

Tampoco puede convertirse, como está sucediendo, en algo tan hinchado, una deslumbrante burbuja, fenómeno engordado artificialmente con tanto marketing.

¿Por qué? Porque al final, como les pudo pasar a muchos en el concierto, con el copywriting sin altura se termina aburriendo.

Titulares irresistibles que podrían estar escritos por IA.

Cuerpos de textos que enamorarán, seducirán y harán vibrar a los potenciales clientes.

Vamos, las mismas frases malamente hechas, tópicos sonrojantes y mensajes vacíos, cuando lo menos que debería pedírseles como mínimo es una apuesta escénica basada en la diferenciación.

Una puesta en escena en palabras que derribe una por una las objeciones del hipotético cliente.

Que haga que se quede pegado a la pantalla leyendo línea tras línea y que trabaje con mimo cada uno de los matices psicológicos que hagan disparar las ventas.

Nada postizo como unas uñas artificiales y extra largas. Sí escritura creativa y contenidos con altura que hagan bailar el corazón, el cerebro y por último, la cartera del cliente. En ese orden.

Quién lo diría, que hasta en Instagram de copywriting se hablaría.

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